lunes, 17 de octubre de 2022

Vilapicina

        Si. Estoy aquí. Todavía sigo aquí. Con la niña. Al lado del Mercadona. Si. Aun de baja. Hasta pasado el verano. Empalmo con las vacaciones.

¿Como estoy? Pues ya te puedes imaginar. La nena es preciosa y la verdad es que se porta muy bien. Come todo y pasamos buenas noches. Pero, claro, mi vida es cien por cien ser madre. La mama me ayuda, pero trabaja y luego también viene cansada. Mi padre sigue cabreado conmigo. Que me dejé tomar el pelo. Le hace carantoñas a Sofía, pero solo si yo no estoy delante.

La verdad es que el Tomás se ha portado fatal. La decisión de seguir con el embarazo la tomamos entre los dos. Insistió mucho en que era nuestra obligación y que el aborto le parecía como un crimen. Yo dejé el instituto y me puse a currar en Mango. Sin decir que estaba preñada, claro. Todo en contra de lo que aconsejaban mis padres.

Los primeros meses, muy bien. Nos veíamos cada día y me llevaba a su casa. Porque se supone que, de momento, íbamos a vivir con sus padres, que tenían más sitio.

Pero ya cuando me puse gorda de verdad, empezó a aflojar. Que iba retrasado, que este año tenía la selectividad...

Total. Que una tarde, paseando por Fabra i Puig, suelta que ya no me quiere, que es algo que no puede controlar, que no tiene nada que ver con la niña pero que no puede seguir conmigo. Y ahí me quedé, en la mitad de la calle. El tío se fue. Ya no quería hablar más. ¿Te puedes imaginar como me quedé? Además, que yo le quería. Bueno. Le quiero. Es una mierda.

Vino a verla. Al hospital no. A casa. No veas como le chilló mi padre. No ha vuelto más. El otro día nos encontramos. Aquí cerquita. Dijo que cuando pueda me dará algo de dinero. Pero el tío no trabaja. Y quiere ir a la universidad. Ya me dirás.

Y aquí estoy. Diecisiete años. Con un trabajo que es una pringada total y una niña que criar. Ya ves lo que es mi vida. Y lo que será el futuro. Suerte que ella es un encanto y me da todo. Es lo que me salva. 

¿Y vosotras que tal? ¿Que hacéis?