miércoles, 29 de marzo de 2023

Publica Cases


        Van a ir preciosas a la fiesta del instituto. Xiao, Graciela Maria, Paula y Aisha. Han quedado en casa de Paula. Cada una traerá su ropa favorita. Como, más o menos, tienen la misma talla, han decidido intercambiársela. Así parecerá que van de estreno. Estarán estupendas.

Las llaman las cuatro fantásticas. Bueno, en realidad fueron ellas las que se pusieron ese mote. En primero. Aquel año empezaron a compartir curso y clase. Enseguida se hicieron amigas. Inseparables.

Se lo cuentan todo. Lo bueno y lo malo. Los líos con los novios, los problemas con los padres, los días de bajón. Cuando una de ellas escribe majlis en el grupo de wats, todas acuden a la trastienda de la frutería de los padres de Graciela María. Un pequeño cuartito donde pueden reunirse tranquilas. La palabra es un grito de auxilio. Han vivido intensamente estos últimos cuatro años. 

Mientras se prueban la ropa, Aisha recuerda como, entre todas, la animaron a pedir permiso para dejar de llevar el hiyab. Hicieron una lista de pros y contras tan bien pensada que acorralaron a su padre y le dejaron sin excusas. 

Una época algo más complicada fue cuando Xiao empezó a salir con el hermano gemelo de Paula. Sus padres son bastante racistas y no querían que su hijo tuviera una novia china, aunque hubiese nacido aquí. Paula tampoco deseaba enfrentarse a su padre y llegó a pedir a Xiao que dejara a su hermano. Esta, se lo tomó muy mal cuando le dijo que una cosa era ser amigas y otra mezclar las razas. Paula consiguió poner a Graciela Maria de su parte. Aisha se desentendió. Durante algunas semanas, parecía que el grupo se había roto. Al final, fue Graciela Maria la que convocó una majlis donde lo hablaron todo. Meses después, Xiao y el hermano de Paula, cortaron. Pero eso es otra historia.

Esta noche será la fiesta de final de curso. Las cuatro han terminado la ESO. 

Xiao va a trabajar en la tienda de sus padres. Ya lo hace los fines de semana. Ahora será cada día. No es la ilusión de su vida. Pero hasta donde sabe, toda su familia ha tenido tiendas. Sus abuelos vinieron a España y, con los ahorros y la ayuda de la familia, abrieron una en Madrid. Ahora la lleva uno de sus tíos. Otro, la tiene en Tenerife. Y su padre, aquí, en Hospitalet. El negocio va bien. Le han prometido que le darán un sueldo. Pequeño. Para empezar.

Graciela María va a seguir con el bachillerato. Tiene buenas notas y la tutora la ha animado. Le dijo a sus padres que es probable que le den una beca.

Paula quiere ser enfermera. Pero, de entrada, hará un grado medio para ser técnico de cuidados de enfermería. Las prácticas las podrá hacer en el hospital de al lado de su casa.

Aisha no tiene ni idea. Este verano quiere pasar un par de meses en casa de sus abuelos, en un pueblo cerca de Rabat. Espera encontrar una respuesta sobre que hacer con su vida.


Por mi parte, tampoco se como continuar. Ellas han de construir su propia historia. Tal vez, más adelante, la pueda contar.












lunes, 27 de marzo de 2023

Ernest Lluch

        Por una vez y sin que sirva de precedente he pedido al programa de inteligencia artificial ChatGPT que escribiese una historia en mi lugar. Le he dicho: “Escribe un relato corto sobre los problemas de relación entre una pareja de divorciados que llevan a su hijo de 6 años todos los viernes al metro, para intercambiar la casa. Estilo Kafka”

Esta es la propuesta del robot:

La estación de metro estaba casi vacía cuando llegó la pareja de divorciados con su hijo de seis años en brazos. Era viernes por la tarde, y como siempre, el niño iba en silencio, sin entender muy bien por qué cada semana tenía que hacer este viaje.

El padre, un hombre alto y delgado, llevaba una maleta negra en una mano y en la otra una bolsa con los juguetes del niño. La madre, de pelo rubio y largo, cargaba con una mochila y una caja de cartón llena de ropa.

Se saludaron con una mirada fría y se intercambiaron a su hijo. El niño se aferró a la mano de su padre, pero no dijo nada. El hombre le dio un beso en la mejilla y le preguntó si había tenido una buena semana. El niño asintió con la cabeza, sin mover los labios.

La mujer se acercó a su ex marido y le pidió que firmara unos documentos que traía en la mochila. Él suspiró, sacó un bolígrafo y firmó sin leerlos. Ella guardó los papeles y le entregó la caja de cartón.

–Aquí está toda su ropa limpia –dijo ella con voz monótona–. Espero que no la pierdas esta vez.

El hombre no dijo nada, simplemente cogió la caja y la maleta, y se alejó con su hijo. La mujer se quedó sola en la estación, viéndolos alejarse por el pasillo del metro.

El niño se volvió un momento para mirar a su madre, pero ella ya estaba girando en dirección contraria. El hombre apretó su mano con fuerza y lo llevó hacia el vagón.

El viaje transcurrió en silencio. El niño miraba por la ventana, viendo pasar los túneles y las estaciones sin decir nada. Su padre estaba absorto en sus pensamientos, mirando al frente sin ver nada.

Finalmente llegaron a su parada. El hombre sacó la maleta y la caja de cartón y las dejó en el suelo. Luego se acercó a su hijo y le dio otro beso en la mejilla.

–Cuídate mucho, hijo –le dijo con voz ronca–. Te quiero mucho.

El niño sonrió débilmente y se acercó a su padre para abrazarlo. Él lo rodeó con sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo y el latido de su corazón.

Pero la felicidad duró poco. La mujer ya estaba llegando, con la mochila y una expresión de desprecio en el rostro. El hombre se apartó bruscamente de su hijo y se levantó, cogiendo la maleta y la caja de cartón.

–Ya es hora de irnos –dijo ella, sin mirar”

No esta mal. No demasiado imaginativo. Alguna incongruencia. ¿Tal vez es lo que el robot entiende como estilo Kafka? Habrá que seguir el tema de cerca. Sin obsesionarse.













    lunes, 20 de marzo de 2023

    Collblanc

    La gente estupenda y maravillosa atrae por su aparente inmunidad a la desgracia. Esas personas guapas, inteligentes, ¡perfectas! están en el polo opuesto a la infelicidad.

    Mira, por ejemplo, esa chica del anuncio. Esa chica joven, tan preciosa. El mundo es suyo. Todo. Que feliz debe ser.

    En cambio, esa otra familia de allá… Los del parque con el cochecito de bebé. La madre en paro. El padre malpagado y maltratado. Y el niño que lleva toda la tarde llorando. 

    –Que está muy pesado. 

    –Que creo que ya le ha pasado la hora. 

    –Y que sabrás tu si nunca estás con el.


    Angela, la chica del anuncio, ya dejó de aspirar a modelo. Tantas horas agotadoras. Cargadas de frío y hambre. Cansada de perseguir un sueño que se desvanecía tras cada contrato, peor que el anterior.

    Una tarde, a última hora, un empleado del ayuntamiento retirará esa fotografía. La última de una chica maravillosa y estupenda. 

    Ahora, trabaja en Zara. Y sale con un chiquito algo regordete, chistoso, que mantiene unos videos en youtube por si algún día se fija alguien y le cae algo de encargo.


    Maria y José están en casa. Medio tumbados en el sofá. El niño duerme en su habitación.

    Ella se aburre con Juego de Tronos. Siempre es igual. Pero José está enganchado. Y que le va a hacer. Así no discuten. Es mejor.










    domingo, 12 de marzo de 2023

    Badal

          Joder. Joder y joder. No pensaste nunca que todo podría ir tan mal. Una infancia de miseria en el Pakistan natal. Vivir en una media casa. Las calles llenas de barro. Una escuela mínima para aprender un par de cosas. A los 10 años trabajando para hacer camisas. El encargado siempre chillando. ¡Azotes!

    A los 16 alguien te habla de marchar a Europa. Ahorras los dos mil ni se sabe como. A los 19, ya casado, tomáis el vuelo. A Paris.

    Un barrio del norte. Un trabajo duro en el mercado de abastos. Cargar con esas terneras tan grandes durante ocho horas.

    Nace la hija. Eso os hace sentiros muy felices

    Te duele tanto la espalda que ya no sabes si podrás continuar. Ya vas mediando los treinta.

    Mahin te dice: Ves a España. Ahí están bien. Tienes ahorros. Monta tu negocio.

    No lo piensas demasiado. Llegas a Barcelona en el 2007. Te ayudan a buscar el local. Un pequeño lugar en la calle Cáceres. El Petit Comerç, le llamas. Un colmado donde vendes un poco de todo. Abierto desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche. Todos los días. Tu mujer te ayuda a cubrir las horas. La niña, que ya no lo es, saca buenas notas y parece que vale para la universidad.

    Parece que la vida va bien. Hay sonrisas. Por la noche. El único momento para el descanso.

    Pero en el 2009 algo se tuerce. No sabes que pasa. Los clientes bajan. Vendes menos. Esa gente alegre que pasaba a última hora a comprar bebidas y algo para comer ya no viene. Aguantas como puedes. Al año siguiente todo va a peor. En la Rambla de Badal han abierto un supermercado, un Suma, que hace el mismo horario bestia que el tuyo. Pero está mejor puesto y es más barato.

    Casi nadie entra ya en tu tienda. Hace un par de meses que has colgado un cartel para traspasar el negocio.

    Nadie parece está interesado. Ya te ves bajando la persiana, un día. Y no volver a subirla. Y ya no saber que hacer. Joder. Joder y joder. No es un mundo para pobres.