Van a ir preciosas a la fiesta del instituto. Xiao, Graciela Maria, Paula y Aisha. Han quedado en casa de Paula. Cada una traerá su ropa favorita. Como, más o menos, tienen la misma talla, han decidido intercambiársela. Así parecerá que van de estreno. Estarán estupendas.
Las llaman las cuatro fantásticas. Bueno, en realidad fueron ellas las que se pusieron ese mote. En primero. Aquel año empezaron a compartir curso y clase. Enseguida se hicieron amigas. Inseparables.
Se lo cuentan todo. Lo bueno y lo malo. Los líos con los novios, los problemas con los padres, los días de bajón. Cuando una de ellas escribe majlis en el grupo de wats, todas acuden a la trastienda de la frutería de los padres de Graciela María. Un pequeño cuartito donde pueden reunirse tranquilas. La palabra es un grito de auxilio. Han vivido intensamente estos últimos cuatro años.
Mientras se prueban la ropa, Aisha recuerda como, entre todas, la animaron a pedir permiso para dejar de llevar el hiyab. Hicieron una lista de pros y contras tan bien pensada que acorralaron a su padre y le dejaron sin excusas.
Una época algo más complicada fue cuando Xiao empezó a salir con el hermano gemelo de Paula. Sus padres son bastante racistas y no querían que su hijo tuviera una novia china, aunque hubiese nacido aquí. Paula tampoco deseaba enfrentarse a su padre y llegó a pedir a Xiao que dejara a su hermano. Esta, se lo tomó muy mal cuando le dijo que una cosa era ser amigas y otra mezclar las razas. Paula consiguió poner a Graciela Maria de su parte. Aisha se desentendió. Durante algunas semanas, parecía que el grupo se había roto. Al final, fue Graciela Maria la que convocó una majlis donde lo hablaron todo. Meses después, Xiao y el hermano de Paula, cortaron. Pero eso es otra historia.
Esta noche será la fiesta de final de curso. Las cuatro han terminado la ESO.
Xiao va a trabajar en la tienda de sus padres. Ya lo hace los fines de semana. Ahora será cada día. No es la ilusión de su vida. Pero hasta donde sabe, toda su familia ha tenido tiendas. Sus abuelos vinieron a España y, con los ahorros y la ayuda de la familia, abrieron una en Madrid. Ahora la lleva uno de sus tíos. Otro, la tiene en Tenerife. Y su padre, aquí, en Hospitalet. El negocio va bien. Le han prometido que le darán un sueldo. Pequeño. Para empezar.
Graciela María va a seguir con el bachillerato. Tiene buenas notas y la tutora la ha animado. Le dijo a sus padres que es probable que le den una beca.
Paula quiere ser enfermera. Pero, de entrada, hará un grado medio para ser técnico de cuidados de enfermería. Las prácticas las podrá hacer en el hospital de al lado de su casa.
Aisha no tiene ni idea. Este verano quiere pasar un par de meses en casa de sus abuelos, en un pueblo cerca de Rabat. Espera encontrar una respuesta sobre que hacer con su vida.
Por mi parte, tampoco se como continuar. Ellas han de construir su propia historia. Tal vez, más adelante, la pueda contar.






























