lunes, 3 de abril de 2023

Can Vidalet


¡Saca al perro! ¡Saca al perro! Cada día igual. Justo cuando voy a dar una cabezadita después del desayuno, me manda lo mismo. Y no es por el perro, no, que a primera hora ya lo llevé a mear. Le da igual salir más pronto o más tarde. Lo que ella quiere es que me vaya de casa. Para ponerla toda patas arriba y limpiar sobre limpio. ¿Que vamos a ensuciar nosotros dos?

–¡Aquí no lo puede dejar suelto! –es el jardinero que me advierte.

–Pero si no molesta a nadie…

–A mi que me cuenta. Son las normas. Venga. Átelo.

Que pesado el tío. Ahí todo chulo con el mono verde y esas bandas amarillas. Será para que le vean de noche. Pocas noches debe andar por aquí este tipo. Antes, los jardineros eran de otra manera. Con el balde, la escoba, alpargatas, el mono azul y para de contar. Pero siempre les podías preguntar sobre el tiempo. Era gente entendida. Que miraban el cielo y tocaban la tierra. Para saber qué había que regar. No como ahora, que seguro que se lo dice el móvil. Y ni abrir grifos hace falta. Que es todo automático.

¿Y esos? Allí en el banco. Golfeando. Ni catorce deben tener. Deberían estar en clase. O trabajando. En mis tiempos, a los doce o valías para estudiar o para aprendiz. No teníamos manías. ¿Y ahora? Venga darle a los porros. No parecen de aquí. Al menos, el de en medio tiene pinta moro. Ya no solo se comen lo nuestro. Incluso nos ríen en la cara. 

Mira. Por allí viene la vecina.

–Buenos días, Manolo. ¿A pasear el perro?

–¿Que voy a hacer? El pobre chucho tiene que salir. –Ella acaricia al perrito. Que la reconoce y se deja. –¿Ya tiene toda la compra?

–Espero. Está todo carísimo. No se donde vamos a ir a parar.

–A peor. Ya se lo digo yo. ¿Con este gobierno? ¿Que solo está para los extranjeros y, perdone la expresión, los maricones?

–Hacen lo que pueden Manolo, no sea tan así.

–Una mierda. Antes si que el gobierno se preocupaba por nosotros.

–Bueno, le dejo.

–Ande con Dios.

Esa, desde que se le murió el marido, se arregla más. Me decía la María que todos los jueves va al baile del casal. No valemos para nada. En cuanto las soltamos, venga a pasarlo bien. Las mujeres ya no son como antes.

Bueno. Llego hasta aquellos árboles y me voy para casa. Que no se me olvide pasar por donde Braulio. Por las quinielas.